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Séptima parte de la obra de teatro "Entre Mujeres" de Santiago Moncada.
Parte 6 aquí
Parte 5 aquí
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Parte 1 aquí

Luisa: al borde de los cincuenta estarás tú, fíjate, yo me niego a alcanzarte.
Hortencia: pero es la verdad, tienen esa edad. Para ustedes es la gran tragedia, pero para mí no fíjense, yo si soy feliz adora a mi marido y amis hijos. Vivo para ellos con principios morales en un hogar feliz.
Luisa: es una santa.
Amelia: mira que adorar a un marido es tener deseos de adorar a cualquier cosa.
Elena: toma (le sirve más champagne) te lo mereces. ¿Sigues pensando en irte?
Hortencia: no, me quedo.
Carlota: haces mal
Hortencia: puede, pero me quedo
Carlota: allá tú.
Luisa: bueno hablamos como mujeres a calzón quitado o seguimos hablando como exalumnas.
Elena: como mujeres mujeres. Lo prefiero
Amelia: Yo también.
Carlota: hay que tomar en cuenta que no todas somos iguales.
Luisa: eso es muy cierto, tú y yo, por ejemplo.
Carlota: no sabes que gusto me da que reconozcas la diferencia
Luisa: sin embargo todas estaremos de acuerdo que alcanzar con nuestra pareja, la que sea, una sacudida 10 en nuestra escala Richter es el mayor placer del mundo.
Carlota: alcanzar un 10 en una atmósfera tan vulgar como la tuya tienen mucho mérito.
Luisa: tu mérito es todavía mayor si logras alcanzar un 5 con tu sistema exclusivamente intelectual.
Carlota: ser intelectual es un defecto que padecemos algunas, en cambio tu forma de vida es una manera vulgar de subsistir.
Luisa: ¿entonces ya se levantó la veda, se puede disparar a cazar?
Carlota: tú lo estás deseando.
Luisa: ¡ay, pero me domino!
Carlota: pues no lo hagas Luisa estamos entre amigas.
Hortencia: ¿pero que nos pasa? de pronto empezamos a hacernos daño.
Elena: ¡ay no! despreocúpate. Entre mujeres podemos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño.
Amelia: claro que no. Si estamos inmunizadas contra el veneno de nuestra propia especie.
Elena: volviendo a lo de antes, a mí el sexo sin cordialidad y sin mutuo respeto no me dice nada.
Luisa: pues a mí en la cama los hombres respetuosos me chocan, yo adoro a esos maleducados que no te piden permiso para nada, que te sorprenden.
Carlota: ¿todavía?
Elena: la base de la felicidad es la propia estimación compartir la vida dignamente con alguien.
Hortencia: exacto para mi también.
Amelia: de acuerdo, pero ¿con quién? porque ese es el problema.
Elena: pues si no lo encuentras también sé capaz de vivir sola dignamente.
Luisa: una mujer que vive sola vive en promiscuidad consigo misma. Bueno, pero ustedes siguen siendo las mismas santurronas de siempre, dándose golpes de pecho, enarbolando la penitencia y escondiéndose de sus pecados. Yo prefiero mi trabajo a tener un marido que te tiene en la casa, te encadena a un montón de hijos y te engaña cada vez que puede o se le antoja.
Hortencia: mi marido nunca me ha engañado, estoy segura.
Luisa: si es por convicción perfecto, si es por incompetencia lo siento por ti.
Carlota: en el colegio yo no soñaba con ser la amiguita alquilada de delincuentes respetables ni con maridos tranquilos como el tuyo o alcanzar un nivel de vida aceptable, como ustedes...
Amelia: aceptable dice la jovencita.
Carlota: yo siempre ambicioné con ser una gran escritora y estuve dispuesta a pagar lo que me pidieran.
Luisa: ja ja ja. Me permites que te responda ahora a lo de "amiguita alquilada"
Carlota: claro que sí.
Amelia: muchachas el momento para las agresiones dejenlo para después.
Hortencia: no, me estoy empezando a divertir mucho.
Elena: ¡ay Hortencia! ¿demasiadas burbujas?
Hortencia: en la escuela jugábamos a saltar la cuerda ahora resulta que vamos a saltar por los aires, ¡pum!
Elena: sabes qué, ya no te lo acabes, ya no tomes.
Hortencia: no, no, déjame. ¿Qué no querían que bebiera? pues ya lo estoy haciendo y me siento de lo mejor, primero que hable Amelia y después yo les diré lo que pienso de la felicidad, de los hombres y de ustedes.
Luisa: tengo verdadera curiodiad por saberlo.
Carlota: por qué no dejamos el tema, intercambiamos un beso en la mejilla y hasta los próximos 20 años.

Continua aquí

Rosa María Bianchi era ELENA, en la obra  "Entre mujeres"


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