Obra de teatro para cinco actrices parte II

Primera parte aquí de la obra Entre mujeres



Carlota: no, tú no es que seas honesta, es que careces de cualidades para la deshonestidad, que es diferente.
Hortencia: ¿Y eso es malo?
Luisa: no, pero es aburridísimo.
Elena: oigan yo quiero decir unas palabras. 
Amelia: ¡hombre! estás en tu casa, no faltaba más.
Carlota: era inevitable.
Hortencia: adelante, adelante.
Luisa: pero sin añoranzas, que detesto la melancolía.
Elena: nos conocimos cuando apenas éramos unas niñas...
Amelia: ¡ay sí! nueve añitos, ¡qué inocencia!
Luisa: Hortencia era tan inocente que pensaba que un capado era un hombre con capa.


Hortencia: sí, es cierto ¡hip!
Amelia: ¿ya vieron? y apuesto a que ni siquiera le ha tomado.
Hortencia: son las burbujas, es una cuestión psicológica, veo las burbujas y siento que me mareo.
Elena: con el paso del tiempo nos fuimos formando y convirtiendo en mujeres y juntas hemos compartido todo: dormitorio, sueños, ilusiones; ni siquiera nuestros marido... bueno, las que nos hemos casado. 
Luisa: ¡qué suertuda!
Carlota: me corroe la envidia.
Amelia: ¿estás oyendo a este par? se están pitorreando de nosotras.
Elena: déjalas, repito, ni siquiera nuestros maridos nos conocen tanto como nosotras llegamos a conocernos. 
Luisa: mejor, se divorciarían en seguida.
Hortencia: voy a dejar esto aquí.
Amelia: Hortencia, si se te suben las burbujas no te preocupes, nosotras te acompañamos hasta tu casa. 
Elena: después tuvimos que separarnos para penetrar en ese mundo inquietante de los hombres.
Luisa: mejor di que los hombres empezaron a penetrar en nuestro mundo. 
Carlota: ¿y te gustó?
Luisa: a mí por lo menos, sí.
Carlota: sigues con tu forma sutilísima de decir las cosas.
Luisa: pero se entienden ¿verdad?
Carlota: perfectamente.
Elena: los años del colegio formaron nuestro carácter y nuestros gustos y ahora somos definitivamente lo que deseábamos ser allá, por eso propongo que repitamos nuestro antiguo brindis.
Carlota: ¿se acuerdan?
Amelia:
Carlota: ¿pero cómo empezaba?
Luisa: jovencitas virginales.
Amelia: virginales, qué palabra más cachonda.
Carlota: (cantando) jovencitas virginales.
Todas: ¡qué martirio, qué martirio!
Carlota: levantemos nuestras copas (levantan las copas y el busto)
Todas: las tenemos levantadas
Carlota: y brindemos por las tres virtudes de la mujer que son: sexo
Todas: sexo.
Carlota: lujo.
Todas: lujo
Carlota: y cachondeo..
Todas: y cachondeo.
Amelia: por las panteras del 64!
Luisa: ¡qué bonito!
Amelia: oye mi vida tú acabarías con cualquiera bebiendo champagne.
Hortencia: cómo recuerdo ese tiempo, éramos inseparables.
Elena: nos conocimos en el 56
Amelia: y en el 60 ya estábamos estrenando nuestro primer kótex, mujeres al fin.
Elena: fue como una epidemia, la primera fue Luisa ¿no?
Hortencia: no, la primera fue Carlota.
Elena: es cierto, Carlota era siempre la primera, la que nos explicaba los misterios de la vida.
Amelia: ¿De verdad no se les hace un sueño haber sido niñas alguna vez?
Luisa: A mí no se me hace un sueño, sino una pesadilla haber cumplido 15 años tres veces.
Elena: pero tenemos que aceptar que un día la juventud desaparece y nunca vuelve.
Amelia: eso es cierto, cualquier mañana vamos a despertar con las bolsotas debajo de los ojos y una de arrugas, total, en una palabra, hechas una mierda.
Carlota: pues se dura más siendo viejas que jóvenes, así que la mejor crema contra las arrugas es la madurez.
Luisa: la madurez es la peor de las locuras, yo nunca seré tan vieja como para ser madura.
Carlota: por eso vienen las diversiones, los conflictos, los conciertos, los amante, los hijos; cada una se va formando su propia máscara.
Hortencia: yo nunca he tenido amantes
Amelia: pues yo sí.
Luisa: si los amantes no envejecen, enriquecen, mira (le muestra a Hortencia un anillo muy lujoso)


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